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Leyenda del Juglar Triste, Izamal

Leyenda del Juglar Triste Izamal

Corría el siglo XVII, la conquista española en Yucatán se había consolidado y, como muchos lugares, Izamal se organizó en dos encomiendas, siendo división la actual calle 31: por el norte “Santa María” y por el sur “San Idelfonso”.

El encomendero de una de las partes era un español alegre, quien organizaba reuniones en su casa. Un día mandó traer desde su país a una doncella – su hija-, mujer rubia, de ojos azules y presencia en su persona, a quien el pueblo la consideraba la mujer más hermosa y que, en consecuencia, era pretendida por los pocos mancebos españoles que ahí radicaban.

En aquellos días, hizo presencia un español gallardo, quien, en lugar de espada, traía consigo un laúd – especie de guitarra-: un verdadero juglar de la época. El encomendero y el juglar hicieron simpatía, lo que motivó al encomendero a contratar a este último como administrador de sus bienes, lo que permitió que entre el joven y su hija surgiera una amistad que se convirtió en amor. Al encomendero le pareció un buen partido para su hija, y ante la inminente boda, mando a construir frente a su casa, una mansión que sería la residencia de la pareja. Una vez construida, el joven pidió y obtuvo permiso para adornarla en su fachada, mandando hacer en estuco las figuras de un toro, un león y un caballo, asegurando que aquellas figuras sería el escudo de la familia, a falta de escudos como otras familias nobles tenían. En su interior, colocó en el sitio de honor un retrato de su amada, que esta había traído desde España. Cada noche de luna llena, el mancebo enamorado le cantaba al pie de la ventana a su enamorada.

Una de aquellas noches de luna llena y a pocos días de la boda, dos hombres irrumpieron intempestivamente a la pareja y empuñando espada con acción traicionera hacia el joven enamorado, en el forcejeo, la hermosa mujer recibió la estocada mortal, por lo que aquellos corrieron protegidos por las sombras de la noche. Desde aquella noche, el juglar fue solitario y melancólico y una noche de luna llena encontraron al pie del retrato de “La Doncella de Oro” su cuerpo y su laúd en manos. No encontraron motivo para la muerte, pero la gente asegura que aquel mancebo murió… de amor.

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